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Palmera tittle

Phoenix Canariensis es posiblemente uno de los vegetales más representativos e importantes del archipiélago canario, ya que la especie y sus poblaciones han constituido desde siempre un elemento característico y distintivo del paisaje.

 

 

 

Taxonomía y morfología

Fig1

La palmera canaria es posiblemente uno de los vegetales más representativos e importantes del archipiélago canario, ya que la especie y sus poblaciones (palmerales) han constituido desde siempre un elemento característico y distintivo del paisaje canario en general, y del grancanario en particular, formando parte de su propia identidad. Difícil es encontrar un rincón o un lugar en nuestra isla en el que no aparezca la silueta esbelta y majestuosa de una ‘palma canaria’.

En la literatura clásica las primeras referencias escritas de que en Canarias habían numerosas y abundantes palmeras proceden de los textos de Plinio El Viejo, que vivió en el Siglo I de nuestra era, y que parece ser se basó en un testimonio de Juba, príncipe de Mauritania. En esta obra se incluyen las primeras observaciones de Juba respecto a la especie, señalando la abundancia de ejemplares en forma de bosques, y que era dada como Palmeta catyotas ferentia.

Webb & Berthelot (1847) en su obra Historie Naturelle des Iles Canaries, fueron los primeros investigadores en reconocer las diferencias morfológicas entre la palmera canaria y la palmera datilera. Fue en 1882 cuando Chabaud, un botánico francés, reconoce e identifica la palmera canaria con el nombre de Phoenix canariensis, curiosamente a partir de un espécimen cultivado y obtenido de semillas originarias de Canarias. Hoy por hoy está demostrada su singularidad y clasificación taxonómica diferenciada dentro del género Phoenix, siendo internacionalmente conocida y reconocida como Phoenix canariensis. 

La palmera canaria pertenece a la familia de las Arecaceae o Palmae, y se incluye en el género Phoenix que comprende entre 13 y 17 especies, según los autores. Crece en numerosos y variados hábitats desde las zonas arenosas a nivel del mar hasta los 2.000 metros de altitud. Todas las especies del género tienen en común el requerimiento de constante humedad próxima a las raíces, encontrándose a menudo en áreas encharcadas. Así, en ambientes secos las especies del género Phoenix actúan como buenos indicadores de presencia de agua: la palmera datilera (Phoenix dactylifera), por ejemplo, se conoce como el símbolo de los oasis.

Phoenix canariensis se describe siempre con unas características morfológicas determinadas mediante las cuales ha sido identificada y reconocida mundialmente.

 

Tronco

Denominado también estípite, fuste o estipe. Es único, de color pardo y aspecto columnar desde la base a la copa, y se encuentra en general recubierto por las cicatrices dejadas por las hojas al caer, que constituyen un tejido muerto que actúa como protector, ya que carece de corteza. Estas cicatrices, alargadas horizontalmente, forman una pseudocorteza áspera y rugosa. En los primeros años de vida crece regularmente en anchura, oscilando entre 70 y 80 centímetros de diámetro en los individuos adultos, y posteriormente lo hace en altura, alcanzando los 12–15 metros de media, aunque puede superar los 20 metros. No debemos olvidar que la palmera es una especie monocotiledónea, lo que significa que no tiene crecimiento en grosor del tronco con el paso del tiempo, sino crecimiento secundario difuso, no presenta anillos de crecimiento en su interior y los haces vasculares por los que circula la savia están dispersos irregularmente por todo el interior.

La palmera canaria es una especie muy longeva, tanto que los ejemplares más altos se considera que pueden llegar a superar los dos y quizás tres siglos de edad. En cuanto al crecimiento de la palmera, algunos autores han estimado que este es de 1 metro cada 7,5 años en palmerales silvestres, mientras que en ejemplares cultivados, con aporte hídrico continuo, el crecimiento es considerablemente mayor, con aproximadamente 1 metro/año. Al contrario que otras especies de Phoenix, su estípite no se ramifica, es decir, posee un solo tronco, lo cual constituye una de sus características más distintivas, ya que otras especies próximas pueden dar lugar a hijos o regoldos que nacen del pie o en la base del individuo adulto. En ocasiones se pueden observar en la base de algunos ejemplares de palmera canaria rebrotes laterales; pero éstos proceden de semillas germinadas y normalmente mueren al cabo de algunos años.

La palmera se encuentra firmemente anclada al sustrato por un extenso sistema radical sin que existan raíces principales, contando con multitud de raíces fibrosas que no aumentan de diámetro con la edad.

 

Corona foliar

Llamada también copa, suele ser grande, frondosa y densa, de color verde intenso. Las hojas o frondes (también denominadas limbos o pencas) que forman la corona son abundantes y grandes, hasta 6 ó 7 metros, y caen de forma elegantemente arqueada. Suelen crecer entre 70 y 100 hojas en cada ejemplar. Curiosamente se ha observado cierto grado de dimorfismo sexual en la corona foliar entre los individuos machos y hembras adultos, lo cual es una característica escasamente aparente en las especies vegetales. Los machos suelen presentar una copa más compacta y achatada, mientras que en las hembras es más abierta y redondeada.

 

Hojas y espinas

Las hojas de la palmera canaria son pinnadas, es decir, tienen forma de pluma de ave y están constituidas a su vez por foliolos o pinnas –pequeñas hojuelas de la hoja compuesta que pueden llegar a ser más de 100 en cada hoja– se distribuyen insertadas en un gran eje foliar, el raquis, que en Canarias se denomina pírgano o pirgüan.

Estos foliolos son flexibles y presentan distintos tamaños, pasando de los más grandes en la zona central de la hoja, donde pueden alcanzar los 50 cm de longitud, hasta los más pequeños del ápice, pudiéndose observar toda una gama de tamaños de los mismos. Son subcoriáceos y además induplicados, es decir, presentan una nervadura paralela en forma de V que se va abriendo y que en el extremo del limbo resulta totalmente plana, manteniendo un ancho constante de unos 2 o 3 centímetros, a excepción de los de la base. Las pinnas se convierten progresivamente en espinas desde el ápice hasta la zona basal, de manera que en la parte inferior del pecíolo son ya espinas cortas y rígidas, de color amarillento.

 

Pueden llegar a alcanzar los 20 centímetros de longitud, y se distribuyen regularmente a lo largo del peciolo y próximas al tronco. El peciolo puede, a su vez, tener una longitud de más de un metro, y su parte más gruesa, unida al tronco de las bases de las hojas, se denominan vainas, aunque en Canarias se les llama popularmente talajaque o tajalague, dependiendo de la isla.

En torno al talajaque se encuentra el jarropón o caparacho, unas fibras que se entretejen hasta formar una especie de telilla similar a una arpillera o tela seca. Dichas fibras, al igual que las espinas, tienen la función de proteger las partes más vulnerables de la palmera.

 

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