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Las Miniferias de las Semanas de la Ciencia y la Innovación en Canarias organizadas por la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información, movilizan el compromiso de entidades públicas y privadas con la divulgación del conocimiento científico en las islas. La presente edición, que se celebra este mes de noviembre en Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura, reúne a miles de participantes en torno a un evento que por sus dimensiones “está dejando de ser mini”, tal y como nos cuenta Roberto Abelleira, miembro de la Asociación Cultural y Social Trib-Arte, quien conoce al detalle la gestación de estos espacios.

¿Cómo nació la idea de organizar las Miniferias y por qué “mini-ferias”?

Esta es una apuesta del Gobierno de Canarias desde hace catorce años. Este tipo de eventos nace de la necesidad de mostrar la innovación científica y tecnológica que se está realizando en las islas, pero acercarla a pie de calle. Se trata de visibilizar todo ese trabajo de la forma más cercana posible para que todo el mundo lo entienda –para toda la familia-, priorizando a los jóvenes. Qué buena pregunta lo de “mini-feria” porque la dimensión del evento está dejando de ser “mini”, y desde hace unos años está teniendo una dimensión grande.

Háblenos de la participación en esta edición…

Solo con los escolares –en las tres Miniferias de Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura- estamos rondando más de 13.000, entre alumnado y profesorado. Estamos hablando de más de 250 centros educativos, más de 70 entidades que forman parte del programa y casi 100 actividades (talleres, ciclos de charlas, narraciones, cuentacuentos, teatro, exposiciones…) La magnitud de este evento itinerante ya es importante.

¿Qué podemos encontrar en las Miniferias?

El evento tiene el objetivo de alejarse del formato habitual de feria expositiva y acercarse al formato de feria en el que la gente que participa se lleva puesto el aprendizaje a través del cacharreo, de la vivencia y de la experiencia. O sea, menos contar las cosas, menos carteles y más actividades participativas. El programa lo dividimos en tres zonas: la zona Ciencia, la zona TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y cada año, tenemos una temática central. Este año coincide con el Año Internacional del Patrimonio Cultural Europeo. En la zona Ciencia encontramos toda la labor de los centros de investigación: el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología de Canarias, el Instituto Astrofísico de Canarias, el Instituto Geográfico Nacional, el Museo Elder, el Museo de la Ciencia y el Cosmos, la Universidad de La Laguna, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria...  En la zona TIC encontramos desarrolladores tecnológicos, gente que está haciendo cosas importantes desde Canarias para Canarias y para el resto del mundo. Son empresas que están invirtiendo mucho esfuerzo en desarrollar material tecnológico vinculado a la educación o a lo social. Y también está representado el tercer sector, asociaciones y colectivos que realizan una labor importante de divulgación científica. Y como te decía, este año hay muchas actividades presentadas para trabajar específicamente la temática de patrimonio. Un elemento importante es que, hasta este momento, la digitalización del patrimonio se utilizaba fundamentalmente para su conservación y protección. Ahora, se está utilizando también para transmitir su conocimiento. En estas Miniferias, gran parte de la innovación radica en cómo se está tratando el patrimonio a través de las nuevas tecnologías -como la realidad aumentada- para acercar ese patrimonio canario a los más jóvenes de una forma más atractiva.

 "Conectamos los conceptos científicos con el día a día de los jóvenes y su realidad más cercana"

 

Profundice en eso. ¿De qué manera se logra despertar el interés por la ciencia entre el gran público?

Es un tema bastante crítico. Sin alejarnos de la rigurosidad del contenido, de lo que se trata es de transmitirlo de la forma más lúdica posible, utilizando el juego o el ocio educativo como herramienta para llegar a las personas, sobre todo a los más jóvenes. Entre Gran Canaria y Tenerife participan casi 11.500 –escolares y profesorado-, entonces hay que hacerlo de una forma cercana y atractiva para que los chiquillos que salen de sus centros educativos con un esfuerzo importante, no se vayan con un chasco tremendo y diciendo “fuerte tostón”. Para eso conectamos los conceptos científicos con el día a día de los jóvenes y su realidad más cercana. De esta forma es como logramos la atención de las personas que visitan las Miniferias. Cuando somos niños aprendemos a través del juego, ¿por qué nos olvidamos de esto cuando somos mayores? Pues vamos a recuperarlo. La gente que se acerca a este evento riguroso de ciencia y tecnología lo hace para divertirse al cien por cien.

En este sentido, hay algún concepto que llama la atención como el de “fiesta científica”. ¿Cómo se divierte alguien en una “fiesta científica”?

Si te acercas al stand del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología -del Centro Superior de Investigaciones Científicas-, por ejemplo, verás una auténtica fiesta de olores, colores y experimentos. Con los cacharros más cotidianos que puedas encontrar en tu cocina, las investigadoras del IPNA te montan una auténtica fiesta. O por ejemplo, está presente la Sociedad Isaac Newton de profesores de matemáticas que tienen el taller “Comando Matemático” con juegos tradicionales –ninguno de los juegos que tienen se enchufa-. Y a través de esos juegos están aplicando conceptos básicos de matemáticas. En su momento realizamos también actividades deportivas con las que realmente se estaban trabajando conceptos de física. Hay que estrujarse un poquito la cabeza para llegar a ese punto en donde tanto pequeños como grandes, por medio de la diversión, adquieran conocimientos. En otro de los talleres, que se llama “Patrimonio 360”, quienes participan entran en un juego de adivinanzas para descubrir qué isla les ha tocado. Luego, con un dispositivo móvil y una aplicación gratuita se adentran en esas islas a través un panel gigantesco con un mapa histórico de Canarias. Las criaturas escanean con su móvil el plano y les aparece información del patrimonio de su isla con la que después van a trabajar. Incluso se convierten en sabios porque graban vídeos 360 que terminan siendo de realidad virtual. Y todo esto transcurre en media hora, en la que pasan de entrar a un juego donde adquieren conocimiento a ser los protagonistas de ese conocimiento que transmiten a los demás. Pues eso, es una fiesta.

Entre esas actividades novedosas recordamos cuando propusieron mostrar la ciencia de noche…

Sí, por ejemplo, esa fue otra de las apuestas importantes. Se trataba de trabajar en horarios no habituales para un público que en esas horas es cuando tiene disponibilidad para hacer cosas. Las actividades de la noche se fueron transformando y poco a poco abrieron camino a que se pudieran dar otras opciones.

 "Detrás de todas las actividades que se están ofertando, hay mucho esfuerzo por parte de cada una de las entidades públicas o privadas que forman parte de la familia de las Miniferias"

 

El desafío debe ser grande: atraer la atención de un abanico de edades tan amplio que va desde un menor, a un joven o a una persona adulta.

Así es, y teniendo en cuenta que no puedes perder la rigurosidad del contenido. Detrás de todas las actividades que se están ofertando y que cada año integran un programa muy amplio, hay mucho esfuerzo por parte de cada una de las entidades públicas o privadas que están presentes, que forman parte de la familia de las Miniferias y que se esmeran para que su actividad sea cercana y divertida sin perder ese contenido riguroso del que hablamos.

Entre tanta muestra científica e innovación tecnológica, ¿hay alguna que le guste especialmente?

A mí me podrían llamar “friki” (risas)…

Está usted enamorado de estas cosas…

Sí, tengo que reconocerlo. Todas estas nuevas tecnologías -que no por ser nuevas son atractivas, sino que son atractivas porque te facilitan la vida o son accesibles-, me apasionan. Por ejemplo, disfrutar la posibilidad de tener en el Parque Santa Catalina o en el Parque García Sanabria unos “Raspberry Pi”, unos ordenadores que no son más grandes que un móvil. Este tipo de ordenador te cuesta entre 30 y 40 euros –un coste ridículo-, está especialmente pensado para la educación y va un poco más allá de lo que va un ordenador porque tiene unos complementos electrónicos que te ayudan a trabajar la robótica, la impresión digital o el diseño gráfico… Cosas como esas me apasionan porque son útiles. Y si por eso me llaman “friki”, pues soy el más friki del mundo.

 

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Las Miniferias de las Semanas de la Ciencia y la Innovación en Canarias organizadas por la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información, movilizan el compromiso de entidades públicas y privadas con la divulgación del conocimiento científico en las islas. La presente edición, que se celebra este mes de noviembre en Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura, reúne a miles de participantes. Hemos hablado con Roberto Abelleira, miembro de la Asociación Cultural y Social Trib-Arte, quien conoce al detalle la gestación de estos espacios.

 

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