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Durante la grabación del documental "NANOCOSMOS: Un viaje a lo pequeño", financiado por FECYT y realizado por LuzLux S.L. Fuente: Natalia Ruiz Zelmanovitch

La narrativa, la divulgación y los diversos formatos son una combinación que no se puede obviar. Natalia Ruiz Zelmanovitch nos habla sobre esta relación, además de contarnos cómo es trabajar como comunicadora en algunos de los centros científicos más prestigiosos.

Por: Santiago Campillo

Entrevista a Natalia Ruiz Zelmanovitch, licenciada en Traducción e Interpretación de francés e inglés y Experta en Planificación y Gestión Cultural y en Comunicación Pública y Divulgación de la Ciencia. Trabajó durante varios años en el IAC como responsable de comunicación del Gran Telescopio Canarias, en el Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (CSIC) y actualmente es responsable de comunicación del  proyecto europeo Nanocosmos ERC del Instituto de Física Fundamental (CSIC).

Aunque la carrera de Natalia comenzó aparentemente alejada de la ciencia, lleva muchos años relacionada íntimamente con la divulgación científica de calidad. Además de su imponente papel de comunicadora para entidades tan importantes como el IAC o el CSIC, también estudió media carrera de Arte Dramático en la Escuela de Actores de Canarias, lo que le da una visión complementaria y diferente de la divulgación. Hemos hablado con ella para entender su visión, su labor y la importancia de su trabajo para la sociedad.

Ciencia y comunicación, una pareja indivisible

La ciencia no es más que una búsqueda para ayudarnos a comprender el mundo en el que estamos inmersos, para ayudarnos a comprender en qué nos hemos equivocado y cómo corregirlo

Como decíamos, aunque la carrera de Natalia no ha sido científica, su labor ha permitido que esté en un contacto muy directo con gente de primer nivel en varias áreas científicas. Este hecho es vital a la hora de "transportar" la información científica desde los laboratorios a la sociedad. "Tras dos años en medios locales generalistas acabé trabajando en el Instituto de Astrofísica de Canarias, el IAC", nos cuenta la comunicadora.

"Trabajar con gente de primer nivel en Astrofísica debe ir, en este caso, intrínsecamente unido a la pregunta: 'Cómo es trabajar con gente de primer nivel en comunicación y divulgación de la Astrofísica'", explica Natalia, haciendo hincapié en un hecho muy importante e inherente a cualquier institución científica: la importancia que tiene la comunicación y divulgación, no solo para la sociedad, sino desde "dentro" de los laboratorios.

"Cuando llegué al IAC", nos explica, "ya tenían una estructura de asentadas raíces en lo que a comunicación científica se refiere. El centro siempre ha tenido como una de sus prioridades la relación con la ciudadanía, y no solo dirigiéndose a los medios de comunicación, sino también directamente a la población y generando vocaciones científicas desde el Museo de la Ciencia y el Cosmos hasta el punto de que poca gente en las Islas Canarias no sabe qué es el Gran Telescopio de Canarias o desconoce los trabajos que se desarrollan en este campo". El museo, nos explica, es una iniciativa del Cabildo de Tenerife y el propio IAC, que muestra la importancia que le da el IAC a la comunicación, la educación y la divulgación.

"La Unidad de Cultura Científica y Comunicación del IAC ha hecho un grandísimo trabajo para que el esfuerzo de quienes investigan no se quede encerrado entre cuatro paredes, artículos y congresos especializados. Y me atrevería a decir que también han hecho una gran labor formando a sus investigadores e investigadoras y, cómo no, a comunicadores que ahora siguen trabajando en este campo fuera del IAC".

Trabajando con científicos de primer nivel

Además de los expertos procedentes del IAC, el contacto de Natalia con el mundo científico más puntero sigue adelante a día de hoy. Ahora, Natalia trabaja en el Instituto de Física Fundamental del CSIC, donde es responsable de comunicación de un proyecto europeo de astrofísica molecular y desarrollo de instrumentación para astrofísica de laboratorio llamado NANOCOSMOS_ERC.

"De nuevo, estoy rodeada de grandes investigadores e investigadoras que trabajan estudiando moléculas en el espacio y esforzándose por comprender los procesos químicos que tienen lugar en distintos entornos", comenta. "Siendo prosaica y egoísta, para mí trabajar con gente de primer nivel, sea en el campo que sea, es muy satisfactorio".

"Percibir que quien te cuenta su trabajo sabe de lo que habla, disfruta contándotelo y se esfuerza en que lo comprendas… Pero, por encima de todo, sentir que les gusta lo que hacen. Eso es, para mí, ser de primer nivel, más allá de las valoraciones que se puedan hacer a posteriori", nos explica.

Para Natalia, estar a la cabeza, en ciencia, viene dado por las colaboraciones internacionales, por saber cooperar con otros grupos y por crear equipos multidisciplinares. "Es importantísimo saber aprender de los otros y escuchar nuevas propuestas. En ciencia el ‘primer nivel’ no puede ser endémico".

"Más que traducir creo que hay que saber dónde están las claves"

Pero, ¿qué dificultades entraña el escuchar a algunas de las mentes más preclaras de nuestro tiempo? O, sin exagerar, personas especializadas en un grado sumo dentro de su área. ¿Es muy difícil "traducir sus ideas" para que todos podamos entenderlas? "Más que traducir creo que hay que saber dónde están las claves de lo que están contando, qué es lo realmente atractivo e importante de su trabajo", nos cuenta la divulgadora, haciendo referencia a los científicos.

"Trabajar con gente del mundo de la ciencia es como trabajar con cualquier otro círculo especializado. Saben mucho de lo suyo y están muy acostumbrados a hablar en esos círculos, pero salir de ahí y dirigirse a un público no es lo habitual. Está empezando a ser algo más normal en los últimos años, pero ese es otro tema", aclara.

"Para quienes se dedican a investigar un tema en concreto, el foco puede estar en algo que no resulte atractivo en absoluto. Hay que darle muchas vueltas para encontrar la parte sustancial que se pueda comunicar. En mi caso, intento que cada trabajo tenga su propia plataforma. No todo es noticia. De hecho, poca ciencia es noticia, vemos la punta del iceberg de todo lo que se hace, pero sí que se pueden contar muchas cosas en otros formatos".

La importancia de la divulgación científica

Creo que la narración es inherente al ser humano, una forma primigenia de transmitir información y que refuerza el sentimiento de grupo

Tanto esfuerzo en buscar, analizar y difundir, buscando el formato concreto, ¿qué sentido tiene? ¿Para qué sirve divulgar la ciencia? La comunicadora no duda a la hora de contestarnos: "Para mí la divulgación científica es una herramienta que tiene la ciencia para llegar a quienes la pagan con sus impuestos. Le devolvemos a la sociedad parte de su inversión en forma de conocimiento". Esta respuesta, que puede parecer casi demasiado contundente, es compartida por otros de los divulgadores actuales.

Sin embargo, es una realidad que, según divulgadores como Natalia, necesitamos asumir para ejercer una divulgación responsable. "Existe una necesidad de la divulgación para la propia supervivencia de la ciencia", explica, "pero si salimos de nuestra burbuja y lo miramos desde otro punto de vista, el de la sociedad actual, somos casi transparentes. Nos arrollan otras cuestiones. La ciencia no es una prioridad en absoluto. Y tal vez sea lo normal porque, si no se siembra, no se recoge".

Cuando hablamos de ciencia, explica la divulgadora, parece que habláramos de algo aislado, abstracto, intangible. "Miren sus pantallas", apunta. "Miren sus móviles. Usen el GPS. Observen cómo funciona el microondas. ¿Por qué no hay que mezclar algunos productos de limpieza? ¿Por qué causan efecto los medicamentos? ¿Cómo funciona el gato que usamos para cambiar una rueda? O, por qué no, miren al cielo".

Pero, además de la función social, Natalia ve en la divulgación un aspecto más íntimo, propio de aquellas personas que aman su trabajo. "Sé que suena ñoño, pero a mí la palabra conocimiento me resulta muy reveladora", explica. "El aprendizaje, llenarse... Intentar comprender por qué ocurren las cosas es apasionante. Pero si solo somos capaces de ver la ciencia como un instrumento para conseguir un objetivo acotado, deja de ser una herramienta de búsqueda de conocimiento para convertirse en otra cosa".

Hablando de esto, no duda en apuntar tajante, un detalle muy importante que suele discutirse sobre la ciencia y su aplicación: "La serendipia en ciencia es una constante. Buscas una cosa y encuentras otra. Por eso es tan importante fomentar y financiar la ciencia básica. Finalmente, no hay que olvidar que el acceso al conocimiento generado durante el proceso científico, y no solo el resultado, aplicable o no, es un derecho humano".

Muchas facetas para la divulgación de la ciencia

Natalia con Javier Gallego, Manuel Collado, María Arranz y Sergio Pérez durante uno el programa monográfico de ciencia en Carne Cruda dedicado al cáncer. Fuente: Natalia Ruiz ZelmanovitchSi algo caracteriza a esta profesional de la divulgación es que ha hecho un montón de cosas: ha trabajado en radio, ha elaborado documentales, como "NANOCOSMOS: Un viaje a lo pequeño", de LuzLux S.L., ha participado en más de un espectáculo divulgativo y hasta tiene sus propios cuentos. ¿Cuál es el mejor formato divulgativo? "Creo que todos tienen su momento y su encanto", contesta sin dudarlo.

Mi página de cuentos y el folletín “Aspiroman” son mi remanso. En ellos invento y hago ficción, a veces de ciencia y a veces no. Durante tres temporadas he hecho un monográfico al mes sobre ciencia para la radio “Carne Cruda". Pero Natalia también tiene tablas sobre el escenario y cuenta con unos cuantos espectáculos a sus espaldas, aunque no tantos como nos gustaría.

"Los espectáculos son algo muy puntual por una simple razón: necesitan de mucha energía y preparación. Por eso estrenar uno al año, normalmente en Naukas, ya me parece un triunfo". Entonces, ¿cuál es el mejor formato para divulgar? Insistimos. "No podría elegir un formato en concreto porque cada uno tiene su espacio. Más bien, creo que la vida te lleva por los formatos". Aun así, no nos quedamos contentos, así que le preguntamos por una de sus sorpresas mejor guardadas la Astrocopla.

La ciencia se canta por coplas

La ciencia también debe formar parte de las herramientas de la democracia, debe usarse para mejorar nuestra calidad de vida

"Corría el año 2015 y, sinceramente, es de las mejores cosas que me ha pasado en la vida", comienza a contarnos Natalia, con una sonrisa. "La Astrocopla es un invento maravilloso. La idea fue de Manuel González, que llevó a la semifinal de Famelab un espectáculo en el que contaba cómo nacen, viven y mueren las estrellas versionando coplas de Lola Flores. En ese momento coincidíamos espaciotemporalmente en el ICMM, en Madrid, y decidimos hacer algo juntos para Naukas Bilbao".

"Creo que los espectáculos funcionan porque entre Manuel y yo hay muchísima química y en el escenario eso se nota. Él es una persona comprometida y muy creativa. Uno de sus últimos trabajos, “El enigma Agustina”, escrito y guionizado con Emilio García, de la Unidad de Cultura Científica del Instituto de Astrofísica de Andalucía, es una auténtica joya de la divulgación de la ciencia".

Pero, ¿tan efectivos son estos espectáculos para difundir la ciencia? "En cuanto a cómo ayudan nuestros espectáculos a divulgar ciencia, hay que tener una cosa muy clara: un espectáculo es entretenimiento", continúa. "Nosotros planteamos que la ciencia debe estar en todos los formatos de comunicación, educación y divulgación. Y el entretenimiento es un formato más en el que también tiene que haber ciencia".

Escena del rodaje de la película "El enigma Agustina". Fuente: Natalia Ruiz ZelmanovitchSegún Natalia, el objetivo de estos espectáculos no es enseñar ciencia, sino entretener con ciencia como trasfondo. "Si hemos sembrado la semilla de la curiosidad y el público busca más información por su cuenta, estupendo. Si no, no importa.

La cuestión es hacerlo con rigor y con pasión, porque, como afirma Pindado López, 'El cabaret, aunque frívolo o despreocupado, no es amoral. Pero tampoco alecciona, no da preceptos. Cumple la función especular del arte, presentando la realidad desde un punto de vista muchas veces grotesco, para que el espectador haga su propia digestión. Como fruto de la Ilustración trata al espectador como mayor de edad, no da el trabajo hecho, deja abiertas todas las posibilidades para que el que observa tome sus propias decisiones, y lo hace con humor y aparente intrascendencia'".

"Por eso", zanja Natalia, "Manuel y yo formamos un equipo muy especial: él es astrofísico y yo soy comunicadora y divulgadora. Hemos elegido el cabaret y la copla en una fusión humorística. Y nos lo pasamos estupendamente".

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