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Vacunación. Fuente: Wikimedia

Nuestro sistema inmunitario es, probablemente, uno de nuestros mayores logros evolutivos. Nos referimos a todos los animales que cuentan con él, especialmente los vertebrados.

En estos últimos, además del sistema inmune innato aparece el sistema inmune adquirido, capaz de recordar a un atacante entre millones de agentes posiblemente peligrosos durante años.Solo gracias a este podemos sobrevivir con tanta "facilidad" a infecciones y agresiones microbiológicas de todo tipo. Su sofisticación, capacidad de adaptación y eficacia son la envidia de otros sistemas biológicos. Pero, además, también lo es su temporalidad, que arrastra su eficiencia a lo largo de las décadas. ¿Cómo hace nuestro sistema inmunitario para recordar  las infecciones?

Los dos sistemas inmunitarios

El sistema inmune innato está compuesto por enzimas y otros sistemas de defensa generales capaces de acabar con un ataque temprano

Cuando un agente extraño supera todas las barreras externas de defensa (como la piel, por ejemplo), llega hasta el interior de nuestro cuerpo. Es entonces cuando entran en juego los dos sistemas inmunes. El primero de ellos es el conocido como innato y presente en prácticamente todos los seres vivos. Este está compuesto por enzimas y otros sistemas de defensa generales capaces de acabar con un ataque temprano.

Un neutrófilo en acción. Fuente: Wikimedia

Sin embargo, ante enemigos más astutos hace falta usar un sistema inmune más complejo. Este es el sistema adquirido y consta de numerosos sistemas, moléculas y señalizaciones. Haciendo un resumen muy simplista, cuando un agente posiblemente patógeno llega al interior del cuerpo, este es reconocido por algunas células especializadas de este sistema inmune.

Así, una vez que los leucocitos se ponen en contacto con él, algunas de las células especializadas se encargan de cambiar su configuración para detectar  la bacteria o virus que la produjo a través de una molécula propia de estas y conocida como antígeno. Así es la primera vez que nos ponemos enfermos, que no es otra cosa que la manifestación debida a que el cuerpo está reaccionando para acabar con la infección.

Sin embargo, en la siguiente ocasión, estas mismas células estarán listas para reconocer a los agentes infecciosos antes de que les dé tiempo a extenderse por el cuerpo. Esto ocurre porque recuerdan al causante y lo aniquilan antes de que se extienda, poniendo en marcha todos los mecanismos del sistema inmunitario adquirido.

La base de las vacunas

Una vacuna consiste en inyectar la parte reconocible de estos elementos patógenos pero sin que estén presentes estos microo

El sistema inmune adquirido es la base de que la vacunación funcione. Una vacuna consiste en inyectar la parte reconocible de estos elementos patógenos, pero sin que estén presentes estos microorganismos. De esta manera, enseñamos al sistema inmune adquirido a reconocer una posible infección sin tener que sufrirla directamente. La próxima vez que dicha infección amenace al cuerpo, este estará preparado para contraatacar de primeras.

Este es uno de los factores cruciales de nuestro sistema inmunitario: la capacidad de recordar los ataques y patógenos peligrosos. Sin esto, sencillamente, no funcionaría correctamente. La memoria del sistema inmune es algo esencial en nuestra supervivencia. Y no solo por su capacidad de recordar, sino para evitar problemas autoinmunes. Pero, además, una cosa sorprendente es que una vez inmunizado, el sistema inmune es capaz de recordar la infección durante décadas. ¿Cómo es posible?

La memoria del cuerpo

Como explicábamos, hay una serie de células que cambian para adaptarse al ataque, recordando las moléculas de los patógenos. Estas son las encargadas de avisar al resto del sistema inmune antes de que pueda extenderse. Pero ¿cómo hace el cuerpo para mantener este "recuerdo" durante años? Muy sencillo: siempre hay un pequeño reducto de células que sobrevive "recordando" la infección.

Siempre hay un pequeño reducto de células que sobrevive "recordando" la infección


Células sanguíneas. Fuente: WikimediaPara eso están los linfocitos T. Estos (también llamados agranulocitos) se encargan, entre otras funciones, de coordinar la respuesta inmune y mantener la memoria celular de los ataques. Cuando fagocitan a un elemento causante de la infección modifican su membrana para que en ella aparezcan trocitos de dicho elemento. Esto son marcadores especiales con mucha afinidad por este patógeno.

De esta forma, si vuelve a entrar en el cuerpo, estos linfocitos que pasean por nuestro sistema reconocerán de inmediato al atacante gracias a esta membrana modificada. En ese momento desencadenarán una respuesta inmune local y acabarán con el principio de infección, antes de que vaya a más. Recientemente un estudio demostraba que estos linfocitos modificados dejan un pequeño reducto en el cuerpo.

Este puede durar décadas en él, quedándose a la espera de que otra infección pueda aparecer; momento en el que se pondrán en marcha, reactivando el sistema inmune y creando nuevas copias que permitirán que la memoria celular continúe. Según descubrieron los investigadores, de estas células especiales suele quedar un reducto que permanece "atento", pululando por el cuerpo, durante varias décadas.

De esta manera, la memoria celular se mantiene gracias, precisamente, a pequeños grupos de células que perviven mucho más tiempo que cualquier otra del sistema inmune. Este es uno de los secretos mejor guardado de nuestra línea principal de defensa, una protección inestimable y que nos ha permitido enfrentarnos a millones de enemigos invisibles a lo largo de nuestra historia evolutiva.

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