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Al pensar en un animal, muchas veces, olvidamos que tiene su propia manera de ver el mundo. La forma de entenderlo es completamente distinta a la nuestra y no por ello carecen de emociones o de sentimientos complejos. ¿No?

Por: Santiago Campillo

Cuando pensamos en el mundo animal, muchas veces nos excluimos. Por ende, cuando pensamos en los animales, no pensamos en su capacidad sintiente, intelectual o emocional. Es común infravalorar la capacidad de los animales para sentir. Sin embargo, la ciencia ha demostrado en varias ocasiones su increíble capacidad de demostrar "comportamientos" que solemos atribuir solo a los humanos.

Los animales, ¿tienen sentimientos complejos?

La respuesta es, sin duda, sí. Aunque todavía es complejo distinguir entre lo que es una sensación, un sentimiento y una emoción. Sentir es algo indiscutible de todo lo vivo. Los animales sienten dolor, sienten hambre, sienten calor... ¿y alegría?,¿tristeza?, ¿depresión?, ¿melancolía?, ¿plenitud vital? La diferencia es compleja, sobre todo si hablamos de sentimientos, la expresión más imprecisa de estos aspectos.

Este problema, sin embargo, aligera su carga si lo analizamos desde el punto de vista práctico. En el mundo animal existen varios casos muy llamativos. Por ejemplo, está documentado el duelo en animales como los jabalíes y los delfines. También en perros, cuervos, gorilas, pecaríes... En todos los animales en los que se presenta el duelo, el comportamiento ante una situación dolorosa es patente.

En todos los animales en los que se presenta el duelo, el comportamiento ante una situación dolorosa es patente.

Un extrañísimo caso registrado en los años treinta describe el suicidio por parte de un mono Rhesus, que se ahorcó, según los testigos, realizando un burdo nudo. Las fuentes no dudan en afirmar que el pequeño mono realizó todas las acciones de manera deliberada. Los perros, los ciervos o, incluso, las vacas son conocidos por mostrar tendencias suicidas ante situaciones difíciles.

A pesar de todo, todavía no ha sido posible determinar concretamente si los animales son capaces de acabar con sus vidas de forma plena y absolutamente voluntaria. Esto se debe a un hecho clarísimo: es imposible entenderlos en su totalidad comunicativa. Por tanto, es casi imposible determinar con precisión matices tan efímeros como son las emociones y los sentimientos que proceden de ellas.

Algunos casos de duelo que ejemplifican el sentimiento complejo

En una impresionante foto, tomada por Phil Moore, fotoperiodista, se observa a Karabanga consolando al gorila, evidentemente triste según los primatólogos consultados.

Hachiko, Fuente: WikimediaRecapitulando las historias de algunos de los animales que hemos visto arriba, existen varios casos prácticos con los que acercarnos al comportamiento complejo en el reino animal. Por ejemplo, el caso de Patrick Karabanga y un joven gorila cuya madre había muerto a manos de los furtivos. Los lazos afectivos entre el cuidador, Karabanga, y el animal, que acababa de llegar al orfanato de gorilas en el que trabajaba el primero, se hicieron rápidamente patentes. En una impresionante foto, tomada por Phil Moore, fotoperiodista, se observa a Karabanga consolando al gorila, evidentemente triste según los primatólogos consultados.

Las orcas, y otros cetáceos, también han sido vistas en numerosas ocasiones llevando sobre sus lomos el cadáver de una cría fallecida. El comportamiento ante estos casos es completamente anómalo, y las orcas se muestran hoscas y solitarias, algo que podemos asociar a una fase de duelo.

El conocidísimo caso de Hachiko, incluso, protagonizó una reciente película. Este perro estuvo "esperando" a su amo varios años después de su muerte. El duelo y el culto a los muertos se extiende, también, a las aves, una rama evolutiva muy distinta a los mamíferos. En los cuervos, por ejemplo, se han evidenciado comportamientos que podríamos identificar como "reverencia" a sus compañeros caídos.

El sentimiento, como demostración de inteligencia

Unido a la capacidad de sentir y mostrar sentimientos complejos, muchas veces encontramos otras manifestaciones relacionadas con la inteligencia. Por ejemplo, hace muy poco se presentaba una investigación que analizaba las habilidades metacognitivas de los perros.

En este análisis, los investigadores demostraron que los perros son conscientes de no tener información suficiente para resolver un problema. No es el único estudio que demuestra que la capacidad cognitiva de los perros es mucho mayor de lo que pensamos. Los cuervos también han demostrado una capacidad metacognitiva equiparable a animales que consideramos más avanzados.

Cetáceos, primates, cánidos, roedores, felinos... cada vez son más los animales que demuestran una inteligencia mucho mayor de lo que nos atrevemos a considerar. Esto despierta otra cuestión: ¿está la inteligencia ligada a los sentimientos? Lo inmediato es pensar que sí. Pero, ¿podemos inferir que, por ser más inteligente, un ser vivo tendrá más posibilidades de sentir?

La comunicación lo es todo

Sabemos que los animales presentan sentimientos complejos: pena, depresión, puede que alegría o júbilo, y otros, porque los hemos visto. Pero no los hemos "detectado". En otras palabras, no hemos podido medir, científicamente, si los animales tienen sentimientos complejos o no.

Eso, a nivel científico, significa que estamos todavía muy lejos de la evidencia. Por desgracia, muchas veces no somos capaces de definir conceptos como emoción o sentimiento y acotarlos adecuadamente en seres humanos. ¿Cómo podemos tratar de medir algo que no conocemos bien en una especie distinta a la nuestra?

La antropomorfización, tratar a un animal como un ser humano, es un buen camino para malentender la comunicación.

La tarea es complicadísima, si no imposible. Para poder determinar los matices de algo tan sutil como las emociones, primero, hace falta establecer una comunicación efectiva. La antropomorfización, tratar a un animal como un ser humano, es un buen camino para malentender la comunicación.

Cada ser vivo tiene sus propias vías, signos, mensajes y lenguaje. Probablemente, el hecho de considerar a todos los seres vivos en la medida humana, aunque sea de forma inconsciente, nos hace un flaco favor. Sin embargo, estamos tratando de "traducir" ese comportamiento a algo que podamos medir.

Por el momento, el problema es complejo y no parece que tenga una solución inmediata. ¿Podemos reducir las emociones a meras variables objetivas? ¿O no hay más remedio que analizar los sentimientos desde el paradigma de la comunicación? Aún queda mucho trabajo por hacer, a pesar de todo lo que sabemos, para llegar a entender cómo sienten los animales o, incluso, cómo sentimos nosotros mismos.

 

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