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Cuando se lanzó, en 2009, jamás se pensó que la sonda Kepler sería tan sumamente rentable. 9 años después, una vez desactivada para siempre, este telescopio cierra la vida de uno de los ingenios más rentables de la historia de la astronomía.

Por: Santiago Campillo

Nueve años de descubrimientos, nada menos, nos ha dado la sonda Kepler. Ha durado más de lo que estaba previsto en un comienzo y, en ese tiempo ha estado buscando, incansable, planetas parecidos a nuestra Tierra. Hace poco, el telescopio espacial se despedía para siempre, pero su misión está más que cumplida.

Una misión de tres años y medio que duró nueve

Cuando se lanzó, en la madrugada del 6 de marzo de 2009, las expectativas sobre la sonda eran que durara unos tres años y medio, pero duró nueve.

Cuando se lanzó, en la madrugada del 6 de marzo de 2009, las expectativas sobre la sonda eran que durara unos tres años y medio. En este tiempo, el telescopio debía buscar planetas extrasolares, fuera de nuestro sistema solar, de tamaño similar al de la Tierra y en zonas conocidas como "de habitabilidad".

Los planetas rocosos parecidos al nuestro y situados en estas franjas son los mejores candidatos (por no decir los únicos) para albergar vida fuera de nuestro vecindario inmediato. La misión Kepler, nombrada en honor al astrónomo y matemático Johannes Kepler, tenía el noble objetivo de encontrar los mejores candidatos para la vida fuera de aquí.

En 2012, la dificultad de su tarea hizo patente la necesidad de alargar la misión, que se extendió  hasta 2016. Sin embargo, la mala suerte hizo que en 2013 se estropearan dos de los giróscopos usados por la nave para mantener la correcta orientación. Esta avería obligó al equipo a replantear la misión por completo.

La imposibilidad de fijar adecuadamente el telescopio supuso un duro golpe para los investigadores, quienes han seguido analizando el espacio, buscando planetas, sin poder apuntar con precisión. Tras más de dos mil planetas descubiertos y confirmados, ya sin combustible, la NASA daba el cierre oficial a la misión, dejando a Kepler, para siempre, a la deriva.

Los logros de una sonda

La sonda es el instrumento con el que se han descubierto el 70% de los 3.800 exoplanetas confirmados hasta la fecha.

¿Qué ha conseguido la Kepler? ¿Por qué esta sonda es más importante que otras que llevan, incluso, más tiempo en el espacio? A este telescopio le debemos gran parte del conocimiento adquirido en la última década sobre nuestro planeta y nuestros vecinos.

La sonda es el instrumento con el que se han descubierto el 70% de los 3.800 exoplanetas confirmados hasta la fecha, es decir, 2.600 exoplanetas confirmados y casi 2.900 sin confirmar. Hasta su lanzamiento, el número de exoplanetas conocidos era de apenas 350.

Además, a Kepler le debemos la información sobre la atmósfera de HAT-P-7b, un "Júpiter caliente", es decir, un planeta gaseoso muy parecido a Júpiter pero en la constelación del Cisne y con una composición similar pero distinta, que le da su importancia astronómica.

Gracias a Kepler hemos encontrado otros exoplanetas interesantes, entre los que se encuentran Kepler-452b, situado en la zona habitable de la estrella Kepler-452 o el Kepler-22b que también resulta un buen candidato.

Los datos obtenidos durante todos estos años nos han permitido dilucidar que en unos mil años luz alrededor de la Tierra hay por lo menos 30.000 planetas habitables. Por tanto, ahora solo tenemos que escoger y apuntar nuestros instrumentos para buscar vida en los mejores candidatos extrasolares.

600 millones de dólares bien valen la pena

La misión Kepler ha costado en torno a los 600 millones de dólares. ¿Merece la pena tanta inversión en una sonda? Sí, sin duda. Tras los fallos sufridos, la misión K2, sustituyendo a la Kepler original, permitió que la sonda sacara una rentabilidad aún mayor de la esperada.

De 10 campañas pronosticadas para la sonda, esta fue capaz de completar casi el doble, 19, recogiendo más información de la que se había imaginado. Pero es que, además del estudio de los exoplanetas, el uso de Kepler ha permitido que otros equipos estudien el brillo de más de 500.000 estrellas con una precisión nunca vista.

De 10 campañas pronosticadas para la sonda, esta fue capaz de completar casi el doble, 19, recogiendo más información de la que se había imaginado.

Esto ha permitido entender mejor cómo funcionan estos astros o, incluso, ha permitido observar las supernovas con una precisión jamás vista. En definitiva, Kepler ha podido costar 600 millones, pero, en primer lugar, esto no es demasiado para una misión espacial.

Otras misiones y prototipos alcanzan fácilmente las decenas de miles de dólares. Si comparamos la cantidad de información aportada por la sonda, podremos deducir que Kepler es uno de los telescopios mejor amortizados de la historia de la astronomía. Por otro lado, ¿merece la pena gastar tanto en el espacio? También, sí, sin duda.

Estudiar otros planetas, fenómenos espaciales y astros nos permite, en primer lugar, saber más sobre nuestro propio planeta y nuestra historia. También nos permite saber hacia dónde vamos. En este proceso entendemos mejor qué medidas tomar para solucionar cosas tan dispares como el cambio climático o qué hacer en caso de impacto con un meteorito.

Por otro lado, cada aplicación tecnológica y cada descubrimiento nos lleva siempre a nuevas formas de entender nuestras técnicas científicas. A medida que damos nuevos pasos, aparecen nuevas soluciones y nuevas aplicaciones. Descubrir un planeta que jamás pisaremos no es un derroche de dinero, sino una oportunidad para mejorar desde el nuestro.

 

 

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