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El miedo a las ondas electromagnéticas está bastante extendido en nuestra sociedad. Pero, ¿hay razones para ello? Según todas las evidencias científicas hasta la fecha, no.

Imagen: Mujer hablando por el móvil. Fuente:  Pixabay

El aire de Canarias sigue tan limpio como siempre. Pero no hablamos de polución o de la calidad del aire, sino de las radiaciones electromagnéticas.

Así lo afirma un reciente informe del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud, el CCARS, que se ha encargado de evaluar miles de trabajos sobre el impacto de la radiofrecuencia en la salud de las personas. Y es que la preocupación por las "radiaciones" procedentes de antenas y dispositivos de todo tipo ha hecho amplia mella en el interés de la población. Especialmente en Canarias, donde el territorio es limitado. El inherente principio de precaución que nos ha permitido sobrevivir como especie es el mismo responsable de los miedos e inseguridades que dirigen esta preocupación. ¿Pero tiene razón de ser? La evidencia científica no parece haber avalado nunca una verdadera razón para temer a las ondas electromagnéticas con las que convivimos diariamente.

 
Radiofrecuencias, ¿qué son?
Cuando hablamos de radiofrecuencias, en realidad estamos describiendo un tipo de ondas electromagnéticas usadas para comunicarnos, entre otras muchas cosas.

Cuanto más pequeña es una longitud de onda, mayor frecuencia tiene y mayor energía transmite

En el universo existen una serie de señales que se transmiten a través del vacío. Estas son las llamadas ondas electromagnéticas. Estas, grosso modo, transportan energía pero no materia, y poseen características como la longitud de onda y frecuencia, que están relacionadas. Para no meternos en aguas demasiado procelosas diremos que cuanta más pequeña es una longitud de onda, mayor frecuencia tiene y mayor energía transmite. Justo al contrario, cuanta mayor longitud, menor frecuencia y menos energéticas son estas ondas.
 

 
Las ondas electromagnéticas van desde los poderosos rayos cósmicos, de longitudes de onda minúsculos, pasando por la luz, a las débiles pero persistentes ondas de radio, que viajan con su enorme longitud de onda atravesándolo casi todo. Precisamente, la radiofrecuencia es el espectro de ondas electromagnéticas situada entre los 3 KHz y los 300 GHz, que no son más que medidas para determinar la frecuencia, un dato que se relaciona con la longitud de onda de la que hablábamos. Gracias a la radiofrecuencia podemos transmitir información a largas distancias y sin que importe lo que haya entre medias. Entre las ondas electromagnéticas se encuentran aquellas que nos permiten tener WiFi, hablar por el móvil o, incluso, utilizar cosas como los escáneres en los aeropuertos.
 
 
Antena de radiodifusión. Fuente: Wikimedia
 
Los límites son más que seguros
Para poder comprender mejor qué papel juegan en nuestra salud las ondas electromagnéticas hemos hablado con Miguel Angel García García-Tuñón, Secretario General del CCARS e investigador del Instituto de Cerámica y Vidrio del CSIC. "En el informe del Comité sólo se han tenido en cuenta los artículos científicamente relevantes sobre esta materia, que son entre 1.000 y 2.000 al año. No se han tenido en cuenta los informes cuya calidad científica no está garantizada", explica el experto. Con "científicamente relevantes, Miguel Angel se refiere a aquellos que pertenecen a una base de datos científica y cumplen una serie de requisitos. Por ejemplo, el haber sido evaluados por expertos en el campo. O que toda la información del experimento esté disponible para poder reproducirlo. También es importante poder comprobar y verificar que la metodología ha sido la adecuada. "Cualquiera puede publicar un trabajo alegando que es científico. Sin embargo, la comunidad científica tiene unos criterios muy claros y específicos", explica.
 
 
Hasta la fecha, tal y como se aprecia en el informe, todas las evidencias científicas apuntan a que las ondas electromagnéticas en el uso que le damos a día de hoy, no son peligrosas para la salud. Esto incluye las antenas y repetidores, el uso de móviles o los router WiFi, siempre que entren dentro de los límites impuestos por la normativa (que es prácticamente siempre). Esto es muy importante ya que en los últimos tiempos han surgido algunas investigaciones cuyos resultados contradecían a estas evidencias, poniendo en duda su veracidad. "Si un estudio insinúa la relación entre radiofrecuencias y efectos negativos en la salud pero sin poderlo demostrar, cuando tienes varias decenas en el mismo campo que apuntan a lo contrario, no se puede considerar que haya evidencia científica", explica el experto. La evidencia científica se construye con cientos o miles de estudios y el consenso generado a raíz de dichas investigaciones.
 
Unos pocos estudios pueden significar una pista para seguir la investigación en un sentido. O, sencillamente, mostrar una información errónea. Hasta la fecha, y tras la exhaustiva revisión de artículos, los cuales han sido escogidos los de mayor calidad y capacidad de representar a la población, el resultado es claro: no hay de qué preocuparse. Los límites impuestos por ley son de sobra seguros. "La ciencia no es perfecta. Todos cometemos errores al hacer los experimentos", comenta Miguel Angel. "Sin embargo, teniendo esto en cuenta, y revisando estudios de todo tipo, no hemos detectado investigaciones que se hayan podido reproducir que indiquen con cierta contundencia que por debajo de los niveles establecidos en la legislación actual hayan efectos para la salud".
 
¿Cómo esperamos que nos afecten las ondas?
La más común de las creencias es que las ondas electromagnéticas son capaces de producir mutaciones en nuestras células. Estas ocurren cuando se rompe un enlace molecular. Las mutaciones son causantes de que el tejido celular funcione mal, con lo que se puede llegar a producir un tumor. Y, aunque es cierto que las ondas electromagnéticas pueden producir dichas mutaciones, estas están fuera del rango de las radiofrecuencias. "Por lo que sabemos no hay evidencia, ni hay ninguna sospecha de que más allá de la medida recomendada puedan haber daños", comenta Miguel Angel. "No hay ninguna explicación racional de cómo puede la radiofrecuencia romper una enlace en la cadena de ADN con los niveles de potencia que utilizamos".
 
 
Rango de ondas electromagnéticas. Fuente: Wikimedia
 

Aunque es cierto que las ondas electromagnéticas pueden producir dichas mutaciones, las radiofrecuencias no están en ese rango

En el caso de las microondas, que son aquellas que están entre 1 y 300 GHz, los estudios científicos han llegado a la conclusión de que el mecanismo de interacción de las microondas con la materia orgánica es que cuando se irradia un tejido produce calor. Es decir, parte de la radiación microondas, como pasa con toda la radiación electromagnética, al llegar al cuerpo, y dependiendo de la frecuencia y la potencia, calienta en cierta medida. Pero esta energía no es suficiente, ni mucho menos, para romper los fuertes enlaces moleculares. Entonces, ¿de dónde viene el miedo? Miguel Angel nos explica que gran parte de ese miedo proviene de la casi mágica propiedad de ser invisibles. Las ondas electromagnéticas están ahí, siempre, pero no las vemos. Interaccionamos con ellas sin tan siquiera saber cómo funcionan.
 
Canarias, un espacio seguro
Entre otras cosas, el nuevo Informe sobre Radiofrecuencias y Salud aborda aspectos completamente novedosos como las evidencias sobre las redes de telefonía 4G, las aplicaciones de los sistemas inalámbricos (Wi-Fi), los campos electromagnéticos en bandas milimétricas o de Tera hercios propios de escáneres de aeropuertos y la aplicación legislativa actual. Se han revisado, en concreto, las emisiones en las Islas Canarias y los límites legales asociados. El comité, tras todos los análisis determina que no existen razones ni técnicas ni sanitarias para imponer o recrudecer la legislación y normativa actual.
 

No existen razones ni técnicas ni sanitarias para imponer o recrudecer la legislación y normativa actual

"La legislación de nuestro país viene tomada de la recomendación europea, la cual viene de la Comisión Internacional sobre Protección Frente a Radiaciones No Ionizantes (o ICNIRP, por sus siglas en Inglés)", explica el experto. El ICNIRP es un organismo formado por expertos independientes y que lleva investigando este tipo de radiaciones desde 1973. Hasta la fecha, todos los organismos dedicados a la investigación coinciden en afirmar que no hay razones de peso para sospechar del perjuicio causado en la salud si nos atenemos a las medidas legisladas.
 
"Ante la duda podemos prohibirlo todo. ¿Pero cuántas vidas ha salvado una llamada telefónica a tiempo? No es gratis prohibir las cosas. Aunque no hubiera una garantía rotunda de que las radiaciones son completamente inocuas, prohibirlas no tiene sentido porque puede ser aún más perjudicial en el sentido de que las radiofrecuencias mejoran en muchos aspectos nuestra calidad de vida". Con esta frase, Miguel Angel expresa una cuestión importante, ¿hasta qué punto podría afectarnos el miedo a una remota consecuencia negativa? ¿No sería peor el remedio que la enfermedad? Por el momento, la evidencia científica deja claro que no existen verdaderas razones para temer las ondas electromagnéticas que empleamos en nuestro día a día. Y que, además, Canarias sigue a la perfección con los límites de seguridad marcados por lo que no existen razones para preocuparse por ellas.
 
 
 
 
 

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